Don Drama se levanta
a lo mediocre. Ni muy tarde ni muy temprano. A la hora justa para no tener tiempo de hacer nada o casi nada y a la hora injusta de preguntarse por qué duerme tanto, si ayer tampoco hizo nada.
Don drama se hace un café, mira por la ventana y se asusta porque en la calle hay un montón de gente y él aún lleva el pijama puesto. Y ya son y media. Así que se ducha, se viste, se desviste, se mira al espejo, pone cara de tío guai y se esfuerza por olvidar que cuando ha salido, su toalla estaba húmeda del dia antes.
Don drama se dispone a juntarse con sus amigotes y contarles la tragedia de su vida en forma de silencio introspectivo. No tiene nada que decir y mejor que no lo diga, no vaya a ser que alguna neurona incrédula se le eche a la yugular. Si pudiera, diría que le encanta Jorge Bucay. Si fuera así, me caería bien de repente, como si en medio de una clase de Aparicio alguien se levantara y se reconociera fan histérico e incorregible de Lucía Echeverría ( o Eduardo Mendoza, en su defecto). Digno de alabanzas, Don drama escaparía de su mediocridad dándole un chispazo a su triste existencia. Pero muy al contrario, se junta en la terraza con conocidos a discutir sobre este o ese otro cantautor integrantes del grupo Cantamos con camisa de Franela y Pantalones de Cuadros pero pasamos de dejarnos Bigote y andar con Bastón del Siglo Diecinueve porqe una cosa es Medio Sexy y la Otra No.
Don drama mira al horizonte con mirada perdida y de reojo escudriña a las presentes...alguna tiene que caer. Como de costumbre, la frente se le arruga y se acaba cansando de que la de siempre siga sin hacerle caso. Mientrastanto, sigue apostando por su colección de churris medio pop y se arrastra por las noches del Razz en plan "yo ya soy un veterano, y por eso no me afeito". Si pudiera destrozaría las faroles del Raval y las cambiaría por real decreto a lamparitas de aceite. Él afirma estar dispuesto a pagar un plus para que en los alrededores del Macba se recupere la figura del farolero y para que los vecinos dejen de engrasar las clavijas de las puertas. En esta vida, lo suyo eschirriar.
Don Drama ha pasado del anonimáto al deseo expreso de pasar a la posteridad a través de sus polvos, de trascender lo púramente mediocre mediante ese aspecto medio dejado, medio triste, medio guapo, medio listo, medio sensible, medio malote, medio chaqueta de pana, medio camisetade acrílicos con tirantes. Don Drama ha decidido que en lo triste está lo superior, y en el drama lo sublime. Por eso sus reflexiones son cúmulos de lamentos y gritos impostados a lo Pavarotti mañanero. Si trajera una buena falda puesta, yo incluso apostaría por que en otra vida le llamaban Scarlett y vivía en Tara y no tenía alimentos y gritó aquello de a dios pongo por testigo...Pero se me ocurre que simplemente se ha tragado la película medio millón de veces y que en cierto modo, pues le pega el papel.
Don drama se levanta
a lo mediocre. Hoy tampoco sale en los periódicos. Y ella sigue sin llamarle.
domingo, 13 de enero de 2008
sábado, 5 de enero de 2008
Falacia de validación personal
Él tiene un blog en el que escribe de vez en cuando. No lo hace mal, aunque es un poco repetitivo. Se corre la voz, muchas personas comentan. A él le gusta, empieza a escribir más a menudo.
Ella tiene un blog en el que escribe cada día. Lo hace realmente mal, parece premeditado. Para compensarlo, deja comentarios en todos los blogs a los que le da tiempo a entrar. Cada día. Cada texto. Da igual lo vagos, absurdos o injustificados que sean los comentarios que pueda hacer. Los hace.
Un día, ella encuentra el blog de él. Sí, le deja un comentario. Le ha gustado mucho el texto. Mucho mucho. Él se sentiría un monstruo si no le devolviera el cumplido, han sido demasiados muchos como para no responder.
Entra en el blog de ella y lee el último texto. Dice Joder. Lo dice en voz alta, pero esta sólo, así que nadie puede oírlo. Después de meditarlo mucho, consigue comentar su texto. Escribe una pequeña reflexión absurda que finge haberse planteado después de leer el texto. Pero no es verdad. Lo único que ha pasado después de la lectura es que ha dicho Joder. Aunque nadie ha podido escucharlo, estaba sólo.
Ella tarda muy poco en leer la reflexión. Cada pocos minutos pulsa Actualizar para ver si alguien le ha escrito algo. Cae en la trampa, da el comentario por válido. Piensa Ahora que ambos sabemos que escribimos bien podremos intercambiarnos comentarios, y más adelante... quién sabe.
Así que el intercambio se hace habitual, cada uno en el blog del otro, son normas del mundillo. Él escribe con pseudónimo pero ella le llama por el nombre, para que los demás vean que entre ellos existe una complicidad que los otros sólo pueden admirar.
A él se le acaba la imaginación para hacer reflexiones absurdas en el blog de ella, cada vez se ha de esforzar más. Está seguro de que ella le tortura premeditadamente. Se lo confiesa a su mejor amigo delante de una cerveza. Piensa que es alguien con una inteligencia cruel que le reta a ver qué grado de cinismo puede alcanzar. Cuánto puede llegar a mentir. Él acepta el reto y aunque los textos de ella sean cada vez más malos, él cada vez finge más entusiasmo. Su amigo levanta la vista de la cerveza y dice No sé, no creo ¿no?
Pasan los meses. Él escribe poco y mal en su propio blog. Los comentadores van desapareciendo. A cambio, deja parrafadas enormes en los textos de ella. Está convencido de haber encontrado a la persona más inteligente y más irónica del planeta. Se ha enamorado de ella.
Mientras, ella descubre que los textos de él ya no gustan tanto. Además, hay otro blog con el que todo el mundo está maravillado ahora mismo. Ya no tiene tiempo para él. Deja de comentar sus textos.
Aún así, él sigue comentando los de ella.
Ella dice Qué pesado este chico, además, con lo mal que escribe. Lo dice en voz alta, pero esta sola, así que nadie puede oírlo.
Ella tiene un blog en el que escribe cada día. Lo hace realmente mal, parece premeditado. Para compensarlo, deja comentarios en todos los blogs a los que le da tiempo a entrar. Cada día. Cada texto. Da igual lo vagos, absurdos o injustificados que sean los comentarios que pueda hacer. Los hace.
Un día, ella encuentra el blog de él. Sí, le deja un comentario. Le ha gustado mucho el texto. Mucho mucho. Él se sentiría un monstruo si no le devolviera el cumplido, han sido demasiados muchos como para no responder.
Entra en el blog de ella y lee el último texto. Dice Joder. Lo dice en voz alta, pero esta sólo, así que nadie puede oírlo. Después de meditarlo mucho, consigue comentar su texto. Escribe una pequeña reflexión absurda que finge haberse planteado después de leer el texto. Pero no es verdad. Lo único que ha pasado después de la lectura es que ha dicho Joder. Aunque nadie ha podido escucharlo, estaba sólo.
Ella tarda muy poco en leer la reflexión. Cada pocos minutos pulsa Actualizar para ver si alguien le ha escrito algo. Cae en la trampa, da el comentario por válido. Piensa Ahora que ambos sabemos que escribimos bien podremos intercambiarnos comentarios, y más adelante... quién sabe.
Así que el intercambio se hace habitual, cada uno en el blog del otro, son normas del mundillo. Él escribe con pseudónimo pero ella le llama por el nombre, para que los demás vean que entre ellos existe una complicidad que los otros sólo pueden admirar.
A él se le acaba la imaginación para hacer reflexiones absurdas en el blog de ella, cada vez se ha de esforzar más. Está seguro de que ella le tortura premeditadamente. Se lo confiesa a su mejor amigo delante de una cerveza. Piensa que es alguien con una inteligencia cruel que le reta a ver qué grado de cinismo puede alcanzar. Cuánto puede llegar a mentir. Él acepta el reto y aunque los textos de ella sean cada vez más malos, él cada vez finge más entusiasmo. Su amigo levanta la vista de la cerveza y dice No sé, no creo ¿no?
Pasan los meses. Él escribe poco y mal en su propio blog. Los comentadores van desapareciendo. A cambio, deja parrafadas enormes en los textos de ella. Está convencido de haber encontrado a la persona más inteligente y más irónica del planeta. Se ha enamorado de ella.
Mientras, ella descubre que los textos de él ya no gustan tanto. Además, hay otro blog con el que todo el mundo está maravillado ahora mismo. Ya no tiene tiempo para él. Deja de comentar sus textos.
Aún así, él sigue comentando los de ella.
Ella dice Qué pesado este chico, además, con lo mal que escribe. Lo dice en voz alta, pero esta sola, así que nadie puede oírlo.
jueves, 3 de enero de 2008
llueven teclas de piano
quien iba a decir
que moriríamos de sed y de música
llueven teclas de piano
el cielo se ha olvidado del agua
las nubes son más espesas
el sol penetra con dificultad
llueven teclas de piano
y mientras se secan los campos
las teclas se pulverizan
contra las aceras en las ciudades
cada una en una nota
formando melodías imprevisibles
algunos salen a la calle
para poder disfrutar de la armonía:
acaban inconscientes por los impactos
hace mucho ya que se gastaron las baterías
de las alarmas de los coches
ya nada interrumpe la música
que miramos a través de la ventana
que moriríamos de sed y de música
llueven teclas de piano
el cielo se ha olvidado del agua
las nubes son más espesas
el sol penetra con dificultad
llueven teclas de piano
y mientras se secan los campos
las teclas se pulverizan
contra las aceras en las ciudades
cada una en una nota
formando melodías imprevisibles
algunos salen a la calle
para poder disfrutar de la armonía:
acaban inconscientes por los impactos
hace mucho ya que se gastaron las baterías
de las alarmas de los coches
ya nada interrumpe la música
que miramos a través de la ventana
Suscribirse a:
Entradas (Atom)