Él tiene un blog en el que escribe de vez en cuando. No lo hace mal, aunque es un poco repetitivo. Se corre la voz, muchas personas comentan. A él le gusta, empieza a escribir más a menudo.
Ella tiene un blog en el que escribe cada día. Lo hace realmente mal, parece premeditado. Para compensarlo, deja comentarios en todos los blogs a los que le da tiempo a entrar. Cada día. Cada texto. Da igual lo vagos, absurdos o injustificados que sean los comentarios que pueda hacer. Los hace.
Un día, ella encuentra el blog de él. Sí, le deja un comentario. Le ha gustado mucho el texto. Mucho mucho. Él se sentiría un monstruo si no le devolviera el cumplido, han sido demasiados muchos como para no responder.
Entra en el blog de ella y lee el último texto. Dice Joder. Lo dice en voz alta, pero esta sólo, así que nadie puede oírlo. Después de meditarlo mucho, consigue comentar su texto. Escribe una pequeña reflexión absurda que finge haberse planteado después de leer el texto. Pero no es verdad. Lo único que ha pasado después de la lectura es que ha dicho Joder. Aunque nadie ha podido escucharlo, estaba sólo.
Ella tarda muy poco en leer la reflexión. Cada pocos minutos pulsa Actualizar para ver si alguien le ha escrito algo. Cae en la trampa, da el comentario por válido. Piensa Ahora que ambos sabemos que escribimos bien podremos intercambiarnos comentarios, y más adelante... quién sabe.
Así que el intercambio se hace habitual, cada uno en el blog del otro, son normas del mundillo. Él escribe con pseudónimo pero ella le llama por el nombre, para que los demás vean que entre ellos existe una complicidad que los otros sólo pueden admirar.
A él se le acaba la imaginación para hacer reflexiones absurdas en el blog de ella, cada vez se ha de esforzar más. Está seguro de que ella le tortura premeditadamente. Se lo confiesa a su mejor amigo delante de una cerveza. Piensa que es alguien con una inteligencia cruel que le reta a ver qué grado de cinismo puede alcanzar. Cuánto puede llegar a mentir. Él acepta el reto y aunque los textos de ella sean cada vez más malos, él cada vez finge más entusiasmo. Su amigo levanta la vista de la cerveza y dice No sé, no creo ¿no?
Pasan los meses. Él escribe poco y mal en su propio blog. Los comentadores van desapareciendo. A cambio, deja parrafadas enormes en los textos de ella. Está convencido de haber encontrado a la persona más inteligente y más irónica del planeta. Se ha enamorado de ella.
Mientras, ella descubre que los textos de él ya no gustan tanto. Además, hay otro blog con el que todo el mundo está maravillado ahora mismo. Ya no tiene tiempo para él. Deja de comentar sus textos.
Aún así, él sigue comentando los de ella.
Ella dice Qué pesado este chico, además, con lo mal que escribe. Lo dice en voz alta, pero esta sola, así que nadie puede oírlo.
sábado, 5 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
petejander
esto parece la vanguardia
hay ke kitar estos margenes y poner un fondo chulo
creo que ni sikiera maria Angels Feliu si lo hubiera tenido en el zulo le habría echado una ojedada
Publicar un comentario